Entramos en el cine por la pulsión misma de filmar.
La única forma de conocerlo era hacerlo. Fue cine-físico, pre-racional, animal, sin duda. No discutíamos qué era y qué no era cine.
Atravesamos el cine como una aventura, no como una abstracción.
Luego empezamos a reflexionar, a estudiar, a pensar el cine, para entender por qué hacíamos lo que hacíamos. Dimos una gran vuelta al mundo asombroso del saber cinematográfico y sus maestros para volver al mismo punto de donde partimos, pero desde otro lugar. Fue un viaje en espiral. Ahora sentimos la misma energía pulsional del principio, sumada a una comprensión y un respeto profundo por el misterio del cine. Y de esa suma nace lo que hacemos hoy:
Cuento, Imagen, Movimiento, tiempo, acción. Como dice Sergio E. , el único dogma es la potencia, El punto rojo.
Gracias al cine hemos recorrido varias partes del mundo: México, Montreal, Berlín, Roma, La Habana, Madrid, Londres y Villa Lugano, donde entendimos los alcances reales de su poder. En fin, inevitablemente toda esta experiencia hace que nos guste todo tipo de cine, pero "
todo tipo de cine está aun por inventarse" (Artaud. 1920)